Según la crónica de
diarios internacionales, uno de los problemas con
los que tienen que lidiar las autoridades que controlan
el campamento donde se encuentran los familiares de
los mineros, es la concurrencia de mujeres que reclaman
ser esposas o amantes de un mismo hombre.
Uno
de los mineros atrapados, Yonni Barrios Rojas, quien
está usando su formación en primeros
auxilios para tratar problemas médicos, se
encuentra entre los que se enfrentarán a preguntas
difíciles cuando finalmente regrese a la superficie.
Su esposa, Marta Salinas, de 56 años, descubrió
que tenía una amante cuando se encontró
con otra mujer que sostenía una vela por él.
La "otra", Susana Valenzuela (en la foto),
dijo que lo conoció en un curso de capacitación
hace cinco años, y él le confesó
que tenía la intención de dejar a su
esposa por ella.
"Él es mi esposo. Él me ama y yo
soy su devota esposa," insiste la señora
Salinas. "Esta otra mujer no tiene legitimidad".
Al
menos cinco mujeres - sostienen - se han visto obligadas
a enfrentarse a esta situación, en la que otras
decían tener los mismos derechos que ellas.
Marta Flores una trabajadora de la Cruz Roja, dice:
"Ha habido muchos conflictos entre las mujeres,
Tuvimos un susto grande - por ejemplo - en la tienda
comedor cuando una mujer, que decía se la amante
del marido, se encaró con otra y debimos evitar
el enfrentamiento físico. Están en juego
- aclara - los paquetes que se entregan a las familias
de los mineros atrapados, así como reclamaciones
de indemnización a futuro que podría
llegar a decenas de miles de libras".
"Lamentablemente,
el conflicto se deriva de los problemas de dinero",
dijo la señora Flores. "Algunos de los
hombres tienen los niños de muchas mujeres
y todas ellas han llegado aquí para hacer valer
sus reclamos. He conocido a cinco familias en esta
situación, pero estoy segura que hay más".
Algunas mujeres se presentaron en el campamento para
descubrir que su pareja ya tenía una esposa
y niños, y no sabían nada.
Las
que de veras aman a sus hombres, sostiene el testimonio,
se han escapado sin decir nada. Ahora, asistentes
sociales especialmente capacitadas en situaciones
matrimoniales de este tipo, procuran prestar ayuda
frente a la infidelidad de los maridos.
Uno
de los mineros, que no fue identificado, tiene una
primera esposa de la que nunca se ha divorciado, mientras
tanto tiene hijos con una segunda mujer con la que
vive, y se encuentra de novio con una tercera.
"Es
una pesadilla logística tratar de mantenerlas
separadas y, por supuesto que todas quieren enviar
mensajes", dijo la señora Flores.
Bueno,
varias puntas tiene el camino, no caben dudas. Pero
lo principal es que los mineros se encuentren bien
y despreocupados de estas "minucias", para
poder afrontar la larga espera del rescate. Al regreso
será otro cantar: seguramente será inteligente
disfrutar ahora de un poco de paz y sosiego.
03 de septiembre de 2010